Y junto a ti aprendí lo que dolían las distancias, y a parar el tiempo con las manos para que pasaran nuestros días juntos más despacio, aprendí a cambiar palabras por miradas.
Despegaste del cemento mis zapatos, me enseñaste a soñar despierta y todos los días imaginarme que contigo me iba volando.
Y yo que pensaba que para amar se necesitaba una razón y parece mentira creer que no existe otra razón más sencilla que este amor, y ahí tanto que a pesar de los años todavía se siente dolor.
Cada vez me importaba menos todo lo demás, me enseñaste a decir mentiras piadosas para poder verte a horas no adecuadas, y siempre perdoné tus equivocaciones.
Todos los días inventamos nuevas formas de besar, y en esos días aprendí yo a amar.
Fui cerrando poco a poco mi mundo, convirtiéndote en el centro, en lo más profundo, sintiendo que si no estabas todo me faltaba, siendo tu todo lo que necesitaba, que aunque todo se esfumara me quedaras tu para abrazarme.
Y de repente desapareces.

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